Implantes cortos: exito o fracaso

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Implantes cortos: exito o fracaso

Dra. Noelia Gambín


IMPLANTES CORTOS: ¿ÉXITO O FRACASO?

Introducción


La atrofia severa del maxilar superior hace que sea muy difícil usar prótesis removibles convencionales. En el caso de los pacientes más jóvenes con ausencias prolongadas de uno o más dientes, o que sufren enfermedad periodontal, en la mayoría de los casos, no es posible recurrir a una prótesis removible debido a la estética, sobre todo en casos anteriores.
Un implante se considera pequeño si tiene una longitud que es igual o inferior a 10 mm. Hace años, estas longitudes se consideran inadecuadas, especialmente en el maxilar superior, debido a las características cualitativas del hueso a este nivel, lo que requiere una disponibilidad mínima de 13 mm de la cresta alveolar de las estructuras anatómicas que delinean el límite apical del maxilar superior y 10 mm en el caso de la mandíbula. 

El desarrollo de nuevos tratamientos de superficie y los nuevos diseños de implantes han hecho posible superar estas limitaciones, como los implantes de superficie rugosa, ya que hay más contacto con la superficie del implante debido a la rugosidad de su superficie.
Está claro que la posibilidad de utilizar los implantes cortos hoy en día con el fin de alcanzar tasas de éxito similares a la de los implantes más largos sería una gran ventaja, dado que permitiría evitar la preparación del lecho más invasiva.
Sin embargo, en la actualidad la elevación de seno es probablemente la primera opción de tratamiento en el paciente candidato de rehabilitación con implantes en el maxilar posterior atrófico. Ha demostrado ser una técnica fiable, pero desgraciadamente esta técnica puede acompañarse de costes económicos superiores, mayor morbilidad y riesgo de sinusitis.

 

Inicialmente el sistema Brånemark® (Nobel Biocare, Göteborg, Sweden) propuso un protocolo quirúrgico de oseointegración con tiempos de cicatrización de  4 meses para la mandíbula y 6 meses para el maxilar, una fase quirúrgica en dos etapas e implantes roscados tipo tornillo de superficie lisa.

En los casos de colocación de implantes en zonas de baja calidad ósea (hueso tipo IV), con corticales delgadas, baja densidad trabecular y poca resistencia interna, como sucede en la zona posterior del maxilar, se aprecian altas tasas de fracasos.

 

Material y Métodos

Se han seleccionado algunas variables a estudiar:

-Tipo de superficie del implante: a máquina o en bruto.

-Ubicación de los implantes: maxilar o mandíbula.

-Quirúrgica del protocolo: una o dos fases quirúrgicas.

-Existencia de hábitos: el tabaco.

-El éxito y la tasa de fracaso: El éxito de los implantes se define como un implante que ha completado su oseointegración y que ha sido capaz de ser sometido a una carga funcional sin observar la presencia de síntomas o evidencia de la falta de osteointegración.

  • Éxito (salud óptima): ausencia de dolor, no movilidad, pérdida ósea marginal menor de 2 mm después de la cirugía inicial y ausencia de exudado.
  • Resultado satisfactorio: ausencia de dolor, no movilidad, 2-4 mm de pérdida ósea y sin historia de exudado.
  • Resultado comprometido: dolor durante función, sin movilidad, pérdida ósea mayor de 4 mm, profundidad sondable mayor de 7 mm e historia de exudado.
  • Fracaso: dolor durante la función, movilidad, perdida ósea mayor a la mitad de la longitud del implante, historia de exudado o ausencia del implante.

 

Discusión


Debemos tener en cuenta que en la mayoría de los casos en los que consideremos la colocación de los implantes cortos, la posibilidad de realizar alguna técnica quirúrgica avanzada con el fin de obtener una mayor cantidad de hueso, se hace presente. La tasa de éxito de los implantes colocados en el maxilar sometido a una elevación de seno es de 91,5%. 

Las tasas de éxito con los implantes cortos continuaron siendo aceptables,  valor acumulado  de 92%, incluso para los de 14 años de seguimiento. Con la aparición de los implantes con una superficie rugosa y la publicación de los resultados sobre este tema, podemos ver cómo las tasas de éxito acumuladas aumentan.

Otros factores relevantes que pueden afectar el éxito o fracaso de los implantes dentales tienen que ver con factores biomecánicos. Por ejemplo, las relaciones corona-implante, que excedan la proporción de 1:1 son perjudiciales para cualquier implante. La relación corona-raíz se utiliza habitualmente en el diseño de prótesis dentosoportadas, debido al mecanismo de unión que supone el ligamento periodontal. Esta estructura elástica responde a las fuerzas oclusales y puede ser el origen de la movilidad dental. Se considera que una relación corona/raiz de 2/1 es la más adecuada para los dientes naturales. Es lógico pensar que un implante corto entra en esta categoría, por lo que hay ser cuidadoso, sobre todo a la hora del ajuste de la oclusión, no debiendo aparecer ninguna interferencia en lateralidades.

La introducción de las superficies rugosas ha mejorado significativamente los resultados de supervivencia de los implantes a largo y corto plazo, siendo estos últimos los implantes que más se han beneficiado de este tratamiento de superficie, dado que al aumentar la superficie de contacto entre el hueso e implante, se contrarresta la proporción implante-corona. 

La colocación de un mayor número de implantes es también una buena solución para compensar la desfavorable relación corona-implante, ya que disminuye considerablemente el estrés colocado en el hueso que rodea el implante.
Evidentemente, uno de los factores más importantes a tener en cuenta cuando se habla de la tasa de éxito es la calidad ósea del lecho del implante. Una de las áreas menos apropiada para la colocación de los implantes cortos, debido a su anatomía en relación con el seno maxilar, es la zona posterior del maxilar, que es la zona con peor calidad del hueso, debido a su baja densidad. 

 

Alternativas a los implantes cortos

 

Entre las alternativas sencillas figuran los implantes pterigoideos, los implantes inclinados (“tilted implants”), o la técnica “all on four”.

 

Los implantes pterigoideos fueros introducidos por Tulasne, y su uso se fundamenta en el anclaje de los implantes a la base del cráneo, en las apófisis pterigoides del esfenoides, una estructura ósea que no presenta el fenómeno de reabsorción asociado con el edentulismo. Su instalación requiere el empleo de fresas largas, y una inclinación latero-medial y caudo-craneal específicas. La longitud mínima para un anclaje fiable es de 18 mm.

 

Los implantes inclinados fueron descritos por Aparicio; se fundamentan en el anclaje de los implantes dentales donde existe hueso. En pacientes seleccionados y suficientemente informados, puede ser una alternativa cuando el paciente no desea recibir ningún tipo de injerto.

 

La técnica “all on four” fue descrita por Malo, y permite la rehabilitación del maxilar superior totalmente edéntulo con solamente 4 implantes.

 

Finalmente, existen otras técnicas de mayor complejidad para reconstruir el maxilar posterior atrófico sin recurrir a la elevación se seno, como son los implantes cigomáticos. Fueron diseñados por Branemark en 1989, son implantes de cabeza en 45 grados, de 4'5 milímetros de diámetro en su parte más ancha, y que pueden medir entre 30 y 50 milímetros de longitud. Se insertan desde la parte palatina del proceso alveolar, siguiendo la cresta cigomática-alveolar hasta anclarse en el cuerpo del malar. Estos implantes ofrecen una alternativa más al cirujano en el momento de planificar un tratamiento protésico-rehabilitador implantosoportado. Sobre todo, en aquellos pacientes con un maxilar superior atrófico en el que no se pueden realizar injertos óseos o éstos han fracasado.

 

 

 

 

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